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Nuestra Opinión
Editorial de RadioSister
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DEMOCRACIA
SELECTIVA
Hace
unos días se convocó un segundo “apagón masivo” como forma de protesta
y lucha por el cambio climático y el calentamiento global. Un diminuto
intento por frenar algo que ya es irreversible.
Poco
tiempo atrás, unos expertos afirmaban que aunque dejáramos de emitir
gases de forma rotunda y definitiva, el proceso no se detendría, ya que
los daños causados a la atmósfera son completamente irreversibles. Por
supuesto que este dato no justifica que abandonemos cualquier intento de
modificación de nuestros malos hábitos contaminantes y derroches
energéticos, pero debemos tomar conciencia de que nuestro aporte sólo es
un diminuto grano de arena en el extenso desierto mundial. Y no sólo me
refiero al cambio climático, sino a casi todos los temas relacionados
con el planeta como “casa” y como “hogar”… “casa” en el sentido de
habitáculo o estructura física palpable y “hogar” en el sentido de
convivencia y relaciones con los demás miembros que la habitan.
Todo
este entramado tiene unas raíces muy profundas que escapan de nuestras
manos y son, en muchos casos, sutiles e invisibles. No somos nosotros
quienes manejamos el mundo aunque nos hacen creer algunas veces que
formamos parte de una gran democracia mundial.
Los
gobernantes nos tratan como los padres arbitrarios a sus hijos
adolescentes: algunas veces nos permiten intervenir en las decisiones
(generalmente las poco importantes) y otras nos obligan a permanecer en
estricto silencio como meros espectadores de sus actos aunque nos
parezcan injustos o incluso aberrantes.
Hemos
comprobado a lo largo de la historia, que cuando algunos han querido
aprovecharse, adueñarse e incluso usufructuar posesiones ajenas no les
ha importado nuestra opinión. Guerras mundiales o regionales, invasiones
a la propiedad privada, volcado masivo de desperdicios y residuos
nucleares en el jardín del vecino son algunas de las acciones de las
cuales hemos sido espectadores. Hemos protestado contra muchas de ellas,
pero nuestras voces nunca han sido escuchadas.
“Hijo, esto lo hago por tu bien y el de nuestra familia” decía el padre
mientras descuartizaba al vecino del 5º. Y el hijo le creyó porque para
él lo más importante era la familia unida y si papá decía que el vecino
era una amenaza porque guardaba municiones en el armario de la cocina y
tenía fusiles en las ventanas apuntando a nuestro salón, sin dudas
estaría en lo cierto porque papá es grande, protector y mira por nuestra
seguridad.
Claro
que es una metáfora, aunque parezca el párrafo de una novela de terror o
parte del guión de una película. Usted, lector, entiende lo que quiero
decir.
Vietnam, Guerra del Golfo, Afganistán, Islas Malvinas o Irak son algunos
de los ejemplos más notorios y aberrantes de mala gestión, política
sucia, cortinas de humo y sobre todo, de oídos sordos.
Muchos de nosotros estuvimos en contra de cualquiera de estas acciones y
así intentamos hacérselo notar a los papis de turno.
Antes
que nosotros lo hicieron nuestros padres y en algunos casos nuestros
abuelos. Sin embargo si buscamos en cualquier enciclopedia o en un
buscador de Internet la palabra “Vietnam” nos vamos a encontrar con la
descripción de un conflicto bélico desarrollado entre 1965 y 1975, algo
similar encontraremos si buscamos la palabra “Afganistán” o “Islas
Malvinas” o “Golfo Pérsico” o “Irak”… sólo cambian las fechas, pero el
contenido es similar, sospechosamente similar.
Esto
quiere decir que aunque en su momento hayamos protestado de mil y una
formas, no logramos cambiar absolutamente nada. Si hubiéramos sido
escuchados, entonces al escribir por ejemplo la palabra “Afganistán” nos
encontraríamos con una bonita y curiosa descripción de la palabra y una
breve reseña de la historia territorial. Así sin más.
Pero
la historia fue otra. Y seguirá siendo otra. Porque no está en nuestras
manos cambiar nada, jamás van a dejarlo en nuestras manos que son
consideradas demasiado infantiles, inexpertas y lo que es peor,
riesgosamente abiertas. Nos gusta demasiado confraternizar con el
vecino, compartir libros y aprender idiomas. Y ya se sabe que cuanto más
se conoce a alguien más deseamos su bienestar… y eso va contra las
reglas.
Aunque los tiempos han cambiado y ya no somos aquellos ingenuos que
creíamos que las Cruzadas eran necesarias para salvar y unificar el
mundo en una misma fe, tampoco hemos madurado demasiado cuando muchos de
nosotros todavía cree que las historias contadas en una hora y media de
película cinematográfica son reales o que todo lo que leemos en los
diarios o escuchamos en las noticias de la noche es verdad fehaciente.
Nos
queda mucho por aprender, mucho por cuestionar y muchísimo más para
protestar. Estamos empezando a cambiar el registro de nuestra voz,
tornándose lentamente del barítono adolescente al bajo o contralto
adulto. Pero todavía fallamos cuando queremos llegar a las notas altas
porque no creemos en nuestras capacidades y dudamos de nuestra fuerza.
Todo
es cuestión de práctica. Hay que seguir ensayando en grupo hasta lograr
la voz uniforme coral dentro de la individualidad necesaria.
Pero
sobre todas las cosas, tenemos que empezar a prestar más atención a los
detalles para que no se nos pase por alto nada. Mirar y cuestionar más,
reforzar nuestras convicciones porque solamente así podremos alguna vez
lograr que nuestras voces sean escuchadas.
Aunque sepamos que las luchas por territorios, los conflictos armados,
el calentamiento global, los problemas demográficos e incluso la
hambruna mundial tienen su origen en intereses políticos y económicos
manejados por individuos que siempre han sido perfectamente conscientes
de la magnitud de sus actos y de su ambición desmedida, tenemos que
cambiar esta democracia selectiva mundial en la cual estamos viviendo e
intentar ser más partícipes de cada decisión por mínima que sea, desde
el principio, para no tener que gritar cuando ya todo está perdido.
Empecemos entonces apagando la luz… pero cuidado, que en la oscuridad
todos los gatos son pardos.
Sara
Petrocelli González
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